Y tu regreso trae contigo

sufrir, de nuevo, la soledad.

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España. La Historia que se festeja, no se estudia.

El problema fundamental de la España actual radica en su incapacidad para integrarse con otros pueblos, sean del propio territorio o del exterior. Incapacidad de intercambio, asimilación y evolución, que no sufrió hasta bien avanzada la edad media, y que se ejemplifica en que en nuestros monumentos y fiestas donde no rememoramos los hechos históricos como tales, sino que celebramos y plasmamos, siempre, las victorias sobre enemigos, que son y seguirán siendo enemigos en nuestras mentes por el hecho imperdonable de haber sido derrotados; y heredamos el rencor, como si de un personal agravio se tratase, hacia otros vencedores que nos propiciaron lo que, de ser nuestro el triunfo, sería una justa derrota.

Mi invierno más cálido

Mi invierno más cálido

Tú fuiste mi invierno más cálido

y mi brisa aquel verano.

Mas tu ausencia tornó en otoño,

nuestro último común hálito,

aquella primavera de antaño

que florecieron tus retoños.

Minutos, horas, días, años… ya mi mente no atina…

solo es certero que, este invierno, terminar, no termina.

Feliz día de la poesía a todos.

Felices sentimientos, felices recuerdos.

Cartas a Hipólita (desde Érebo)

Cartas a Hipólita (desde Érebo)

Hace ya 3 años que regresé al reino de Érebo, y soy torturado por Nix a cada regreso de ella. Hipnos me prepara de nuevo.

Mi miedo a los oniros, sus hijos, me obliga a resistirle, pero larga es la estancia de Nix, y consigue vencerme horas antes de su partida.

Cada noche se turnan: Una negrura informe me inmoviliza de terror hasta el punto de no poder gritar a pesar de intentarlo. Horribles sueños. Pero al que más temo, al que más odio, es a él. Es a Morfeo. Adopta tu forma, Hipólita, y me hace sentir que duermes abrazada a mi lado. Siento tus labios en los míos, sin recordar qué pasó. Sin importarme. Y aparece el pequeño, saltando sobre nuestro lecho, levantándonos… Y en el apogeo de mi felicidad, me muestra el carro de Helios por la ventana. Ejerciendo toda crueldad, se marcha, recordándome la realidad: Que un día abandoné este lugar en el que me crié, como tú abandonaste Lesbos, para tener un lugar en el firmamento. Pero no era mi destino. En su lugar encontré algo más valioso: encontré mi verdadero hogar, y lo encontré contigo. ¡Malditos los dioses por, de ti, hacerme marchar! ¡Maldito Morfeo! Pues ahora sé qué te hacía anochecer en mis brazos siendo mi señora, y te hacía amanecer siendo, de nuevo, reina de las amazonas: La indomable; La solitaria. La irreconocible reina de las amazonas. ¡Y maldito Pan, maldito Heracles y malditos los falsos héroes! Cuyas formas y recuerdos te traía cada noche. Maldita la herida que no cierra, y la que se me volvía a abrir. En sus búsquedas partí.

Marché para enfrentarlos y destruirlos, y acabé aprisionado, condenado a revivir mi equivoco, y todo aquello que perdí: a ti, mi señora.

Te envío a Hermes, cómplice y testigo. Ya no soy prisionero, pero me niego a salir. Ahora sé que no te podré volver a ver mas que en mis malditos sueños.